Madre de dos seres únicos: criar en tiempos de inmediatez

Por Rosa Hilda Beato

Ser madre de dos seres únicos no es solo una descripción; es una declaración de vida. Cada hijo llega con su propio universo: temperamento, sensibilidad, forma de mirar el mundo. Y en medio de esa riqueza, la crianza en la actualidad se enfrenta a una realidad compleja, donde constantemente se debate entre hacer lo correcto y hacer lo más fácil.

Vivimos en una época marcada por la inmediatez. Todo sucede rápido: las respuestas, las soluciones, incluso las emociones. Esta velocidad, aunque útil en muchos aspectos, se convierte en un desafío cuando se trata de educar. Criar hijos no es un proceso que pueda resolverse con atajos. Requiere tiempo, presencia y, sobre todo, conciencia.

Hoy día, múltiples factores influyen en la crianza: la tecnología, las exigencias laborales, la presión social y los modelos de educación que cambian constantemente. Las pantallas, por ejemplo, se han convertido en una herramienta frecuente para “resolver” momentos difíciles: calmar una rabieta, entretener durante una comida o ganar unos minutos de silencio. Sin embargo, aunque esta opción puede parecer la más fácil, no siempre es la más adecuada a largo plazo. Diversos estudios han demostrado que el uso excesivo de dispositivos puede afectar el desarrollo emocional y social de los niños (American Academy of Pediatrics, 2016).

Ser madre o padre implica tomar decisiones diarias, muchas veces en medio del cansancio. Y es ahí donde surge la encrucijada: ¿ceder para evitar el conflicto o sostener el límite con amor? La crianza consciente nos invita a elegir lo segundo, aunque cueste más. Porque educar no es evitar el malestar del momento, sino formar personas capaces de gestionar sus emociones, respetar límites y convivir en sociedad.

Pero hablar de crianza también es hablar de humanidad. No existen padres perfectos. Existen padres reales, que se equivocan, que aprenden, que intentan hacerlo mejor cada día. Y en ese intento, el amor se convierte en el eje central. No un amor permisivo que todo lo concede, sino un amor firme que guía, acompaña y enseña.

El tiempo de calidad es otro pilar fundamental. No se trata de la cantidad de horas, sino de la presencia genuina. Escuchar, mirar a los ojos, compartir sin distracciones. En un mundo lleno de estímulos, regalar atención plena a un hijo es uno de los actos más poderosos. Según Goleman (2006), la conexión emocional entre padres e hijos fortalece la inteligencia emocional, clave para el bienestar a lo largo de la vida.

Asimismo, la responsabilidad y el compromiso en la crianza implican coherencia. Los niños aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice. Si queremos hijos respetuosos, debemos modelar respeto. Si queremos hijos empáticos, debemos practicar la empatía. La crianza no es un discurso, es un ejemplo constante.

No podemos ignorar tampoco el impacto del entorno social. Las redes sociales, por ejemplo, han creado una presión silenciosa sobre la maternidad y la paternidad. Se muestran vidas “perfectas”, hijos “perfectos” y rutinas “perfectas” que, en muchas ocasiones, distan de la realidad. Esta comparación puede generar frustración e inseguridad en los padres. Es importante recordar que cada familia es única, y que no existe una única forma correcta de criar.

Criar a dos seres únicos implica también reconocer sus diferencias. Lo que funciona con uno, puede no funcionar con el otro. La crianza personalizada, basada en la observación y el respeto por la individualidad, permite acompañar el desarrollo de cada hijo de manera más efectiva. Como señala Siegel y Bryson (2012), comprender el cerebro del niño ayuda a responder de manera más consciente a sus necesidades emocionales.

En definitiva, ser madre o padre hoy es un acto de valentía. Es elegir el camino que construye, aunque sea más largo. Es sostener valores en medio de un mundo cambiante. Es educar con amor, pero también con límites. Es estar presente, incluso cuando el cansancio pesa.

Ser madre de dos seres únicos es aprender todos los días. Es descubrir que no hay recetas infalibles, pero sí principios esenciales: amor, respeto, paciencia y compromiso. Y en medio de los errores y aciertos, entender que lo más importante no es hacerlo perfecto, sino hacerlo con el corazón.

Referencias

American Academy of Pediatrics. (2016). Media and young minds. Pediatrics, 138(5), e20162591.

Goleman, D. (2006). Inteligencia social: La nueva ciencia de las relaciones humanas. Editorial Kairós.

Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2012). El cerebro del niño. Alba Editorial.

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Rosa Beato

HOLA!! MI NOMBRE ES ROSA H. BEATO Y EN ESTE ESPACIO QUIERO COMPARTIR MIS OPINIONES, ANÁLISIS Y APORTES SOBRE ALGUNOS TEMAS DE CARACTER PSICOEDUCATIVOS.